Majorette (Francia)
🚗 Historia y origen de Majorette (Francia)
Entre las marcas más queridas por los coleccionistas de autos a escala, Majorette ocupa un lugar especial. Fundada en Francia en los años 60, supo conquistar al mundo con miniaturas coloridas, resistentes y accesibles. Su evolución refleja la historia del modelismo europeo: de un taller familiar a un símbolo mundial del juguete automotor.
Majorette es, sin duda, “la pequeña gran marca francesa” que marcó generaciones de niños y coleccionistas.
Los comienzos: Émile Véron y el espíritu emprendedor (1956–1963)
La historia de Majorette está ligada a una familia ya célebre en el modelismo francés: los hermanos Véron, fundadores de Norev en Lyon en 1953.
Uno de ellos, Émile Véron, decidió seguir un camino independiente. Visionario y creativo, fundó su propia empresa en 1956, llamada Rail-Route Jouets, dedicada inicialmente a producir accesorios en miniatura para trenes eléctricos, como señales, figuras y pequeños vehículos de acompañamiento.
Estos pequeños vehículos —fabricados primero en plástico— tuvieron tanto éxito que Émile cambió de rumbo. En 1961, la empresa adoptó el nombre Majorette, un término elegido por su sonido alegre y su evocación de la precisión francesa (como las “majorettes” de los desfiles).
El nombre simbolizaba ligereza, color y dinamismo, valores que definirían a la marca desde entonces.
Primeras producciones y el uso del metal fundido (1963–1967)
Durante los primeros años, Majorette fabricaba autos en plástico a pequeña escala (1:66), similares a los accesorios ferroviarios.
Sin embargo, a medida que la competencia crecía —con marcas como Matchbox y Siku dominando el mercado europeo—, Véron decidió dar un salto tecnológico decisivo: el uso del zamac, una aleación metálica de zinc y aluminio ideal para el die-cast o fundición a presión.
En 1963, Majorette lanzó su primera serie de vehículos metálicos, fabricados en una pequeña planta en Lyon.
Eran modelos simples pero resistentes, con ruedas de plástico negro, base metálica y carrocerías pintadas con esmalte brillante.
El público objetivo eran los niños, no los coleccionistas, pero su diseño robusto y su escala —aproximadamente 1:64, similar a la de Matchbox— los hicieron muy populares.
Las primeras miniaturas incluyeron autos emblemáticos franceses como el Renault 4, el Citroën DS 19, el Simca 1000 y el Peugeot 404, además de pequeños camiones y utilitarios.
Expansión y éxito internacional (1967–1979)
El verdadero auge de Majorette llegó en los años 70.
En 1967, la marca inauguró una nueva fábrica en Oullins, cerca de Lyon, y comenzó a exportar masivamente sus productos.
Con precios accesibles, diseños llamativos y una gran variedad de modelos, Majorette se convirtió en el equivalente europeo de Hot Wheels.
La escala 1:64 fue su sello distintivo, ideal para pistas, juegos y colecciones compactas.
Los autos se presentaban en cajas transparentes de plástico o en blísters coloridos, con el logotipo rojo de Majorette en letras cursivas, fácilmente reconocible en todo el mundo.
Durante esta década, la marca amplió su catálogo con autos de distintas nacionalidades: franceses, alemanes, italianos, japoneses y americanos.
Aparecieron modelos como el Renault 5, el Citroën CX, el Volkswagen Golf, el Fiat 131, el Mercedes 450 SEL y el Toyota Celica.
Majorette también innovó en la funcionalidad: muchas miniaturas incluían puertas o capós que se abrían, suspensión, interiores detallados y luces de plástico translúcido.
Esa mezcla de detalle y durabilidad los hizo favoritos tanto de niños como de coleccionistas.
Diversificación y series especiales (1980–1990)
Durante los años 80, Majorette alcanzó su apogeo comercial.
La empresa ya producía millones de unidades por año y exportaba a más de 80 países. En esta etapa, la marca lanzó numerosas series temáticas que ampliaron su atractivo:
Serie 200: autos de calle y deportivos.
Serie 300: camiones, remolques y grúas.
Serie Racing: autos de rally y competición con decoraciones reales.
Serie Military y Rescue: vehículos militares, de policía, bomberos y ambulancias.
Serie Autoroute: kits de autopistas y garajes modulares para armar circuitos de juego.
Majorette también introdujo ruedas cromadas, interiores de color y chasis detallados, elevando el nivel visual de sus modelos sin perder su resistencia característica.
En 1982, la compañía trasladó su sede principal a Rillieux-la-Pape, también en la región de Lyon, donde alcanzó su máxima capacidad productiva.
Los moldes y pinturas se modernizaron, y se implementó una línea de montaje automatizada que podía producir hasta 250,000 autos por día.
Durante esta época, Majorette fue considerada “la Matchbox europea”, y junto con Solido (también francesa), representaba el orgullo del juguete metálico del país.
La era Majorette–Solido y los desafíos económicos (1990–2000)
En 1989, Majorette adquirió a Solido, otra histórica marca francesa de autos a escala, con el objetivo de unir fuerzas: Solido se enfocaría en modelos de colección a escala 1:43, y Majorette continuaría con los autos de juguete 1:64.
Esta fusión fortaleció la imagen del grupo como líder europeo del modelismo die-cast.
Sin embargo, la globalización trajo desafíos.
Durante los 90, la competencia asiática, especialmente de fabricantes con producción en China y Tailandia, redujo los márgenes de ganancia.
Majorette comenzó a enfrentar dificultades financieras, exacerbadas por la caída del mercado de juguetes tradicionales y los altos costos laborales en Francia.
A pesar de ello, siguió lanzando modelos icónicos, como el Peugeot 205 GTI, el Citroën BX, el Renault 25, el BMW 635 CSi, y numerosos autos japoneses, incluyendo el Nissan 300ZX y el Toyota Supra.
Majorette mantuvo una fuerte presencia en ferias internacionales como la de Nuremberg, y sus miniaturas continuaron siendo sinónimo de durabilidad y colorido.
Reestructuración y nuevo siglo (2000–2010)
Entrando en el siglo XXI, Majorette atravesó una serie de crisis económicas y cambios de propiedad.
La producción se trasladó parcialmente a Tailandia, aunque la sede administrativa permaneció en Francia.
Esta decisión permitió mantener los costos bajos y seguir compitiendo globalmente.
Durante este período, Majorette renovó su imagen con nuevas líneas modernas y relanzamientos de clásicos.
Introdujo modelos con suspensión mejorada, llantas de goma y decoraciones de precisión digital, adaptándose a las exigencias del mercado contemporáneo.
En 2003, el grupo Majorette–Solido fue adquirido por Smoby, otro gigante francés del juguete, aunque la integración fue breve debido a la crisis de Smoby en 2007.
A partir de allí, Majorette pasó por varios propietarios hasta encontrar estabilidad bajo el grupo Simba Dickie (Alemania) en 2010, lo que marcó el comienzo de su renacimiento.
El renacimiento bajo Simba Dickie (2010–actualidad)
La compra por parte de Simba Dickie Group —también dueño de Schuco, Dickie Toys y Smoby— revitalizó a Majorette.
El grupo invirtió en nuevas líneas de producción en Tailandia, en moldes modernos y en licencias oficiales con grandes marcas automotrices como Mercedes-Benz, BMW, Audi, Porsche, Toyota, Nissan, Peugeot, Renault y Volkswagen.
Majorette relanzó su línea clásica 1:64 bajo el lema “The French Toy Car”, recuperando su identidad original.
Sus series actuales incluyen:
Street Cars: autos de calle contemporáneos.
Racing Cars: autos de competición y rally.
Vintage Deluxe: clásicos históricos con llantas de goma y pintura metálica.
Limited Edition: colecciones exclusivas para adultos.
Premium Cars: miniaturas con capós funcionales y decoraciones oficiales.
Majorette también volvió a sus raíces francesas con modelos de Peugeot, Renault, Citroën y Alpine, celebrando el legado nacional que la hizo famosa.
Además, sus autos modernos conservan los valores esenciales de la marca: color, resistencia y accesibilidad, combinados con una notable atención al detalle.
Legado y valor coleccionista
El legado de Majorette es inmenso.
Desde su creación, ha fabricado más de 1,5 mil millones de autos en miniatura, convirtiéndose en una de las marcas más difundidas del mundo.
Sus modelos antiguos de los años 60 y 70 —en especial los fabricados en Lyon— son muy valorados por coleccionistas, tanto por su rareza como por su encanto retro.
Majorette representa la democratización del modelismo automotor: permitió que millones de niños y jóvenes descubrieran el amor por los autos a través de miniaturas accesibles pero realistas.
Cada modelo, con sus colores vivos y su construcción sólida, encierra una parte del espíritu francés: la combinación de ingenio, belleza y funcionalidad.
Conclusión
Desde su fundación por Émile Véron en 1961 hasta su renacimiento bajo Simba Dickie en el siglo XXI, Majorette ha sabido mantenerse fiel a su esencia: fabricar autos en miniatura para todos.
Su historia combina innovación, pasión y resiliencia, reflejando el talento francés para convertir el diseño automotor en arte.
Hoy, más de seis décadas después, Majorette sigue siendo un nombre legendario, apreciado tanto por niños como por coleccionistas de todo el mundo.
Sus autos continúan recorriendo pistas imaginarias y vitrinas reales, llevando consigo una tradición que comenzó en Lyon y se extendió a los cinco continentes: la tradición del automóvil en miniatura hecho con corazón francés.
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