Majorette (Alemania / Francia)

Historia y origen de Majorette (Francia / Alemania)

La historia de Majorette es una de las más ricas dentro del mundo de los autos a escala. Nacida en Francia en la década de 1960, la marca se convirtió en un símbolo europeo del modelismo automotor. Su evolución combina la pasión francesa por el diseño con la precisión alemana en la ingeniería, logrando un equilibrio que la ha mantenido vigente durante más de seis décadas.

Majorette no solo fue una fábrica de juguetes: fue una escuela de creatividad, una ventana a la industria automotriz europea y, para muchos coleccionistas, una parte esencial de su infancia.

Los inicios: la Francia de posguerra y la fundación de Rail-Route

La historia de Majorette comienza en Lyon, Francia, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En 1947, Émile Véron, junto con su hermano Joseph, fundó una empresa llamada Rail-Route, dedicada a fabricar accesorios ferroviarios en miniatura para trenes eléctricos, muy populares en ese tiempo.

Sin embargo, el mercado de trenes comenzó a saturarse, y la familia Véron buscó diversificar su producción. Inspirados por el éxito de empresas como Matchbox en el Reino Unido y Dinky Toys, decidieron incursionar en la fabricación de autos en miniatura metálicos (die-cast). Así nació, en 1961, una nueva marca dentro de la compañía: Majorette.

El nacimiento oficial de Majorette (1961)

El nombre “Majorette” evocaba elegancia y dinamismo, en consonancia con la estética francesa de la época. Los primeros modelos fueron lanzados en 1961, fabricados inicialmente en Lyon y luego en una planta más grande en Oyonnax, una ciudad conocida por su industria plástica.

Las primeras miniaturas Majorette representaban autos europeos contemporáneos, en escalas cercanas al 1:60 – 1:64, similares a las de Matchbox. Se caracterizaban por sus carrocerías metálicas, ruedas giratorias, ventanas plásticas y, en muchos casos, puertas o baúles que se abrían.

Desde el inicio, Majorette se propuso un objetivo ambicioso: ofrecer modelos realistas, duraderos y accesibles para todos los niños, combinando diversión y fidelidad al vehículo original.

Los años dorados: expansión y reconocimiento mundial (1965–1985)

Durante las décadas de 1960 y 1970, Majorette vivió su etapa de oro. A diferencia de las marcas británicas, que representaban mayormente autos ingleses o estadounidenses, Majorette se especializó en vehículos europeos y franceses: Renault, Citroën, Peugeot, Simca, Mercedes-Benz, Fiat, Volkswagen, Volvo y BMW, entre otros.

En esos años, la empresa desarrolló un estilo propio: colores vivos, suspensiones funcionales, piezas móviles y un diseño sólido pensado tanto para el juego como para el coleccionismo. La calidad de sus acabados la ubicó entre las mejores marcas de Europa, compitiendo directamente con Siku (Alemania), Corgi (Reino Unido) y Norev (Francia).

Los catálogos Majorette crecieron año tras año, incluyendo camiones, tractores, autobuses, autos de policía, ambulancias, vehículos de construcción y toda clase de utilitarios. La diversidad era una de sus grandes fortalezas: cada niño podía recrear una ciudad entera con autos Majorette.

Durante los años 70, la compañía introdujo una innovación clave: los vehículos con suspensión y ruedas de goma, que ofrecían un movimiento más realista y duradero. También aparecieron las series temáticas, como las de vehículos de rescate, rally o militares.

Consolidación internacional y el auge en América Latina

Majorette no tardó en expandirse fuera de Europa. Sus modelos se exportaban a más de 100 países, incluyendo América Latina, Canadá, Australia y el Medio Oriente. En muchos mercados, especialmente en Argentina, Brasil, México y Chile, Majorette se convirtió en sinónimo de calidad europea, destacándose frente a marcas locales o imitaciones.

Los catálogos incluían modelos de autos japoneses (como Toyota y Datsun) y estadounidenses, lo que amplió su atractivo global. A fines de los años 70, Majorette se convirtió en el mayor fabricante francés de autos a escala y uno de los principales del mundo, produciendo millones de unidades por año.

Su eslogan de la época lo resumía todo: “Les petites voitures de qualité” (“Los pequeños autos de calidad”).

Innovación en diseño y materiales

Majorette se destacó por su equilibrio entre robustez y detalle. Las carrocerías metálicas eran fundidas con precisión, mientras que los interiores plásticos aportaban color y textura. Muchos modelos tenían componentes funcionales, como puertas abatibles, capós móviles o enganches para remolques.

A finales de los años 70 y principios de los 80, introdujo la serie “Super”, que mejoraba el nivel de detalle, pintura y empaque, apuntando también al mercado adulto. Los autos se presentaban en blísteres transparentes, y algunos incluían bases cromadas o logotipos de rally.

También innovó en el packaging: cajas coloridas, pistas de carreras, estaciones de servicio y sets temáticos que convertían el juego en una experiencia integral, muy al estilo de Tomica en Japón.

Crisis, cambios y reestructuración (1990–2000)

A partir de los años 90, Majorette enfrentó dificultades financieras. La competencia con Hot Wheels y Matchbox, que habían conquistado el mercado global, redujo su presencia fuera de Europa. Además, los costos de producción en Francia aumentaron, y la empresa tuvo que trasladar parte de su manufactura a Tailandia, donde aún hoy se producen la mayoría de sus modelos.

En 1996, Majorette fue adquirida por Ideal Loisirs, que intentó modernizar la marca, pero los resultados fueron dispares. A principios de los 2000, entró en crisis nuevamente y fue adquirida por Smoby, otro fabricante francés de juguetes. Esta alianza mantuvo viva la marca, aunque con una producción más limitada.

El renacimiento bajo la precisión alemana: Dickie / Simba-Dickie Group

En 2008, el grupo alemán Simba-Dickie Group, propietario también de Siku, Schuco y Dickie Toys, compró Majorette y relanzó la marca. Este fue un punto de inflexión clave: bajo gestión alemana, Majorette combinó su herencia francesa con estándares de calidad y producción alemanes, recuperando prestigio internacional.

Simba-Dickie decidió mantener el espíritu original de Majorette —vehículos europeos a escala 1:64 con puertas móviles y suspensiones—, pero actualizando moldes, colores y empaques. También reintrodujo series históricas y modelos clásicos, lo que atrajo nuevamente a coleccionistas.

La planta de Bangkok (Tailandia) se convirtió en el principal centro de producción, mientras que el diseño y la gestión de marca se mantuvieron en Francia y Alemania.

Majorette en el siglo XXI: tradición y modernidad

Hoy, Majorette continúa siendo una de las marcas más queridas del modelismo automotor. Su catálogo abarca más de 250 modelos activos, incluyendo autos de calle, deportivos, camiones, maquinaria pesada y autos de competición.

Ha establecido acuerdos de licencia con fabricantes como Renault, Peugeot, Citroën, Mercedes-Benz, BMW, Volkswagen, Porsche, Toyota, Lamborghini y Ferrari, entre otros. Las nuevas líneas incluyen:

  • Majorette Premium Cars: modelos detallados con partes móviles.

  • Majorette Racing Cars: autos de rally, GT y circuitos europeos.

  • Majorette Vintage Deluxe: reediciones de clásicos de los 70 y 80.

  • Majorette WRC / Porsche Edition / Limited Series, enfocadas en coleccionistas.

Además, la marca colabora en ferias internacionales y mantiene un fuerte vínculo con el coleccionismo, publicando catálogos anuales y ediciones limitadas para ferias o aniversarios.

Legado y cultura del coleccionismo

Majorette no solo ha fabricado autos: ha construido una identidad cultural europea. Para muchos coleccionistas, representa la infancia, el diseño francés y la ingeniería alemana reunidos en miniatura.

Su permanencia a lo largo de seis décadas la posiciona junto a leyendas como Matchbox, Hot Wheels, Tomica y Corgi, pero con un sello propio: la elegancia y diversidad del automóvil europeo.

En la actualidad, el coleccionismo Majorette es un fenómeno global, con comunidades activas en Francia, Alemania, Japón, Argentina y Brasil. Algunos modelos de los años 70 y 80, especialmente los fabricados en Francia, son altamente valorados por su rareza y calidad artesanal.

Conclusión

La historia de Majorette es la historia de una marca que supo adaptarse al cambio sin perder su esencia. Nacida en el corazón industrial de Francia, atravesó crisis, fusiones y relanzamientos, pero siempre conservó su misión: ofrecer autos en miniatura que combinan realismo, calidad y emoción.

Su unión con el grupo alemán Simba-Dickie fortaleció esa tradición, asegurando que las pequeñas joyas metálicas de Majorette sigan recorriendo las pistas del mundo, llevando consigo más de sesenta años de historia automotriz a escala.

Majorette no es solo una marca de juguetes; es un testimonio de cómo la pasión por los autos, el diseño y la precisión puede transformarse en una forma de arte en miniatura que continúa inspirando a generaciones enteras.

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